

En la muerte de Manuel Otero Luna me asaltan los sentimientos personales más íntimos porque han sido muchos los años a su lado; muy grande la amistad que nos unía; muy amplio el bagage de lo que aprendí de su magisterio; muy fuerte su huella como persona y, sobre todo, porque quedará para siempre entre nosotros su compromiso y su ejemplo como representante empresarial. Con Manolo se nos va un amigo, un maestro y, por encima de todo, un referente empresarial de Andalucía, sin el cual no es posible entender el protagonismo del colectivo empresarial organizado en nuestra Comunidad Autónoma. Por todo ello, y a sabiendas de su desapego personal a los reconocimientos públicos, quiero que estas breves letras sirvan de sentido y sincero homenaje de admiración y profundo respeto a un andaluz de bien, a un empresario ejemplar, a un caballero, a un amigo… Mi abrazo y condolencia fraterna para su viuda, María Teresa, y a sus hijos, a los que les queda el consuelo de haber vivido junto a un h