ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES EN EL AMBITO LABORAL: Ictus e Infartos

Las enfermedades cardiovasculares constituyen uno de los principales problemas de salud en la población trabajadora y tienen un impacto directo en el trabajo. Entre ellas, destacan el ictus y el infarto de miocardio, que pueden producirse de forma repentina durante la jornada laboral.

El ictus es la primera causa de mortalidad en mujeres y la segunda en hombres, además de ser la principal causa de discapacidad. Por su parte, la enfermedad coronaria es la principal causa de muerte cardiovascular en España. En el entorno laboral, estas patologías representan cerca del 40% de los accidentes mortales en el trabajo.

Por ello, resulta fundamental que las empresas conozcan estos riesgos, promuevan la prevención y sepan actuar de forma rápida y eficaz ante una situación de emergencia

1. ¿Qué son las enfermedades cardiovasculares

Las enfermedades cardiovasculares comprenden diversos trastornos que afectan tanto al corazón como a los vasos sanguíneos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que abarcan afecciones como la cardiopatía coronaria, el infarto de miocardio y el ictus, muchas de las cuales se originan por alteraciones en el flujo sanguíneo provocadas por la obstrucción o la rotura de los vasos.

El principal factor de riesgo de las enfermedades cardiovasculares es la hipertensión arterial (tensión alta), ya que aumenta la carga de trabajo del corazón y daña progresivamente los vasos sanguíneos, favoreciendo la aparición de patologías.

En el entorno laboral, los casos más habitualmente vinculados al trabajo son el infarto de miocardio y el ictus.

Infarto de miocardio

El miocardio es el tejido muscular que forma la mayor parte de la pared del corazón. El infarto de miocardio se produce cuando este tejido se daña o muere por falta de oxígeno. Esto ocurre cuando una o varias de las arterias que suministran sangre al corazón (arterias coronarias) se obstruyen, generalmente por placas de grasa, coágulos u otros factores. Como consecuencia, el corazón continúa latiendo, pero lo hace con menor fuerza y eficacia. El infarto de miocardio, también conocido como ataque al corazón o infarto cardíaco, es una emergencia médica grave. Si la obstrucción se resuelve de forma rápida y el tejido no llega a dañarse, se trataría de una angina de pecho.

Ictus

El ictus es una alteración brusca de la circulación sanguínea en el cerebro que provoca la muerte de las células cerebrales en una zona determinada. También se conoce como accidente cerebrovascular (ACV).

Existen dos tipos principales:

• Ictus isquémico: se produce cuando se obstruye el flujo sanguíneo en una arteria, generalmente por la presencia de placas de grasa o coágulos. Esta obstrucción impide que el oxígeno y los nutrientes lleguen al cerebro, causando daño en las células. También se denomina infarto cerebral.

Ictus hemorrágico: ocurre cuando un vaso sanguíneo se rompe y provoca una hemorragia en el cerebro. La acumulación de sangre daña el tejido cerebral circundante. Representa aproximadamente el 15% de los casos y también se conoce como derrame cerebral.


2. ¿Por qué las enfermedades cardiovasculares suponen un riesgo laboral y por qué es importante gestionarlas adecuadamente?

Los infartos de miocardio y los ictus que se producen en el lugar y durante el tiempo de trabajo se consideran accidente de trabajo, con independencia de los factores de riesgo personales de la persona trabajadora y con todas las implicaciones que ello conlleva en materia de responsabilidades empresariales y protección de la persona trabajadora.

Esta consideración no deriva de una normativa específica, sino de la interpretación de la definición legal de accidente de trabajo y de la jurisprudencia aplicable:

«Se presumirá, salvo prueba en contrario, que son constitutivas de accidente de trabajo las lesiones que sufra el trabajador durante el tiempo y en el lugar de trabajo».

No se consideran accidente de trabajo los infartos o ictus ocurridos in itinere (durante el desplazamiento de ida o vuelta al trabajo), ya que no tienen lugar ni en el centro de trabajo ni durante la jornada laboral.

Además, las enfermedades cardiovasculares suponen un riesgo laboral porque el sistema cardiovascular puede verse afectado por diversos factores presentes en el entorno de trabajo, por lo que es fundamental identificarlos y gestionarlos adecuadamente. Entre ellos se encuentran:

• Riesgo químico, como la exposición a sustancias tóxicas que pueden dañar progresivamente el corazón y los vasos sanguíneos. Por ejemplo: la exposición a plomo o hidrocarburos clorados, puede dar lugar a arritmias. El monóxido de carbono, el cadmio, el cloruro de metileno a enfermedades isquémicas. El arsénico y plaguicidas organofosforados incrementan la tensión arterial.

• Agentes biológicos, como ciertos microorganismos que pueden provocar inflamación y daño de los tejidos de las venas, arterias y corazón.

• Riesgos físicos, como el ruido excesivo, las vibraciones, la carga física de trabajo elevada (cargar bultos pesados, actividad física intensa…), exposición a frío y a calor, etc. que incrementan la tensión arterial y por tanto, el riesgo cardiovascular.

• Factores psicosociales, como el trabajo a turnos, jornadas prolongadas, falta de autonomía, carga excesiva, presión, etc. que pueden derivar en estrés laboral que es una de las causas de hipertensión y derivar en más enfermedades cardiovasculares.

Por todo ello, es fundamental gestionar adecuadamente este riesgo en la empresa. Una correcta prevención permite reducir la aparición de estas patologías, mejorar la salud de las personas trabajadoras y evitar situaciones de emergencia en el entorno laboral.


3. ¿Cómo puede gestionar en su empresa el riesgo de las enfermedades cardiovasculares?

Debe abordar la gestión del riesgo cardiovascular de forma integral. En este sentido, tiene la obligación de actuar en materia de prevención de riesgos laborales, vigilancia de la salud y formación en primeros auxilios, garantizando la protección de las personas trabajadoras. Además, puede complementar estas actuaciones mediante iniciativas de promoción de la salud, como el fomento de hábitos saludables o la colocación de un desfibrilador en el centro de trabajo, si bien estas tienen carácter voluntario.

Prevención de riesgos laborales

La empresa debe identificar y evaluar los factores de riesgo cardiovascular presentes en el trabajo. No es necesario realizar una evaluación específica de este riesgo, sino tener en cuenta las posibles consecuencias cardiovasculares dentro de las evaluaciones ya existentes, como las de riesgos químicos, biológicos, ergonómicos o psicosociales. A partir de estas evaluaciones, debe planificar y aplicar medidas preventivas adecuadas para reducir su impacto sobre la salud de las personas trabajadoras.

Vigilancia de la salud

Debe garantizar la vigilancia de la salud de su plantilla mediante los reconocimientos médicos, integrando en ellos el riesgo cardiovascular y prestando especial atención a la detección de factores como la hipertensión arterial u otras patologías relacionadas.

Además, el personal médico del servicio de prevención es quien identifica a las personas trabajadoras especialmente sensibles, como aquellas con enfermedades cardiovasculares previas, hipertensión, patologías cardíacas congénitas u otros factores de riesgo relevantes.

Una vez identificadas, la empresa debe prestarles una atención específica, reforzando las medidas preventivas, adaptando las condiciones de trabajo y, si es necesario, modificando carga física o tareas, ritmos o cargas de trabajo para garantizar su adecuada protección.

Formación y primeros auxilios

Puede informar y formar a la plantilla sobre los principales signos de alerta del infarto y del ictus, así como sobre la actuación inmediata ante una emergencia. Una respuesta rápida y adecuada en el lugar de trabajo puede ser decisiva para reducir la gravedad de las consecuencias.

Promoción de la salud

Además de prevenir los riesgos laborales, la empresa puede impulsar iniciativas que favorezcan hábitos de vida saludables con la colaboración del personal sanitario del servicio de prevención, como la alimentación equilibrada, reducción del sedentarismo, ayuda para dejar de fumar, etc. Estas actuaciones contribuyen a mejorar la salud cardiovascular de la plantilla.

Desfibrilador

Las empresas pueden disponer de desfibriladores externos automatizados (DEA) como medida de protección frente a emergencias cardiovasculares en el entorno laboral.

Un desfibrilador es un dispositivo sanitario que permite analizar el ritmo cardíaco de una persona y, en caso necesario, administrar una descarga eléctrica controlada al corazón para restablecer un ritmo normal. Se utiliza principalmente en situaciones de parada cardíaca, que puede producirse, por ejemplo, como consecuencia de un infarto de miocardio.

Aunque su instalación no es obligatoria con carácter general, se recomienda valorar su incorporación en función del número de personas trabajadoras, las características de la actividad y el nivel de riesgo existente. Contar con un desfibrilador, junto con personal formado en su uso, puede ser determinante para actuar con rapidez ante una parada cardíaca y aumentar significativamente las posibilidades de supervivencia.

4. ¿Cuáles son los principales signos de alerta del infarto de miocardio?

El infarto de miocardio es una emergencia médica grave que requiere atención inmediata para limitar el daño al corazón y aumentar las posibilidades de recuperación. Por ello, es fundamental que la empresa garantice que la plantilla conozca sus principales signos de alerta.

Signos de alerta más frecuentes:

• Dolor opresivo o sensación de presión en el pecho, que puede extenderse al brazo, cuello, mandíbula o espalda.
• Dificultad para respirar.
• Mareos o sensación de inestabilidad.
• Sudoración excesiva.
• Náuseas o vómitos.
• Palidez.
• En algunos casos, pérdida de conciencia.

En las mujeres, los síntomas pueden ser menos claros o diferentes, lo que dificulta su identificación. Pueden aparecer molestias más inespecíficas como fatiga inusual, dolor en el abdomen (epigastrio), dolor en espalda, cuello o mandíbula, así como síntomas previos como insomnio, ansiedad o debilidad en los días anteriores.


5. ¿Cómo responder ante un infarto de miocardio en la empresa?

El infarto de miocardio es una emergencia médica grave en la que el tiempo es un factor determinante. Cada minuto que pasa sin atención aumenta el daño al músculo cardíaco y reduce las posibilidades de recuperación. Los primeros minutos tras el inicio de los síntomas son clave para evitar complicaciones graves.

Por ello, es fundamental que la empresa garantice una actuación rápida y adecuada ante cualquier sospecha.

Se debe:

• Llamar inmediatamente al 112.
• Mantener la calma y tranquilizar a la persona afectada.
• Colocarla con la cabeza y los hombros ligeramente elevados.
• Aflojar la ropa que pueda dificultar la respiración.
• Solicitar apoyo de otras personas trabajadoras si es necesario.
• Observar los síntomas y, si es posible, registrar cuándo han comenzado.
• Si pierde la conciencia, colocarla en posición lateral de seguridad y vigilar la respiración.
• Si no respira, iniciar la reanimación cardiopulmonar (RCP).
• Si se dispone de desfibrilador, colocarlo y seguir las instrucciones.


6. ¿Cuáles son los principales signos de alerta del ictus?

El ictus constituye una emergencia neurológica, por lo que es imprescindible que garantice que todas las personas trabajadoras conozcan e identifiquen sus principales signos de alerta, que suelen manifestarse de forma repentina.

Entre los síntomas más habituales se encuentran:

• Pérdida brusca de fuerza o movilidad en un lado del cuerpo, acompañada a menudo de sensación de entumecimiento. Puede observarse al pedir a la persona que levante ambos brazos o piernas, ya que uno de ellos tenderá a descender. También puede presentar dificultad para tragar.
• Pérdida de equilibrio, sensación de vértigo o inestabilidad al caminar.
• Parálisis facial o caída de un lado de la cara. Al sonreír, la boca puede desviarse hacia un lado mientras el otro permanece inmóvil.
• Dolor de cabeza intenso, repentino y sin causa aparente.
• Pérdida súbita de visión, total o parcial, así como visión borrosa o doble.
• Alteraciones en el habla, como dificultad para expresarse o comprender, habla lenta o incoherente, mala pronunciación o respuestas muy simples.
• Confusión repentina y dificultad para entender lo que ocurre.
• Pérdida de sensibilidad, hormigueo o adormecimiento en un lado del cuerpo (cara, brazo o pierna).

En algunos casos pueden aparecer síntomas previos de corta duración, conocidos como ataques isquémicos transitorios, que actúan como señal de aviso y deben identificarse a tiempo para prevenir un ictus posterior.

7. ¿Cómo responder ante un ictus en la empresa?

Ante la aparición de signos compatibles con un ictus, es fundamental actuar con rapidez y activar de inmediato los servicios de emergencia, ya que el tiempo es un factor clave para reducir las secuelas. Las primeras horas desde el inicio de los síntomas son determinantes para la recuperación.

Se debe:

• Llamar inmediatamente al 112.
• Mantener la calma y tranquilizar a la persona afectada.
• Colocarla con la cabeza y los hombros ligeramente elevados.
• Aflojar la ropa que pueda dificultar la respiración.
• Solicitar apoyo de otras personas trabajadoras si es necesario.
• Observar los síntomas y, si es posible, registrar cuándo han comenzado para facilitar la información a los servicios de emergencia.
• Si pierde la conciencia, colocarla en posición lateral de seguridad y vigilar su respiración.


Resumen del contenido

1.
¿Qué son las enfermedades cardiovasculares
2.
¿Por qué las enfermedades cardiovasculares suponen un riesgo laboral y por qué es importante gestionarlas adecuadamente?
3.
¿Cómo puede gestionar en su empresa el riesgo de las enfermedades cardiovasculares?
4.
¿Cuáles son los principales signos de alerta del infarto de miocardio?
5.
¿Cómo responder ante un infarto de miocardio en la empresa?
6.
¿Cuáles son los principales signos de alerta del ictus?
7.
¿Cómo responder ante un ictus en la empresa?
8.
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