ABORDAJE DEL ENVEJECIMIENTO EN LA GESTIÓN DE LA PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES

El envejecimiento de la población trabajadora representa uno de los principales retos actuales en materia de prevención de riesgos laborales. El aumento de la proporción de personas de más edad en las empresas y el retraso de la jubilación hacen necesario que las empresas adapten sus sistemas preventivos para garantizar unas condiciones de trabajo seguras, saludables y adecuadas a las capacidades de cada persona.

La edad no debe entenderse como una limitación, sino como un factor más a considerar dentro de la gestión preventiva. Las personas trabajadoras de mayor edad aportan experiencia, conocimiento y estabilidad, pero también pueden presentar cambios fisiológicos y psicológicos que requieren adaptar determinados puestos, tareas o condiciones de trabajo.

Tanto la Estrategia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo, como la Estrategia Española y la Estrategia Andaluza de Seguridad y Salud en el Trabajo, incorporan la necesidad de adaptar la gestión preventiva al envejecimiento de la población trabajadora, promoviendo entornos laborales saludables, sostenibles e inclusivos que tengan en cuenta las necesidades de las personas trabajadoras de mayor edad y favorezcan el mantenimiento de la capacidad de trabajo durante toda la vida laboral.

1. ¿Qué se entiende por gestión del envejecimiento?

La gestión del envejecimiento hace referencia al conjunto de medidas y estrategias que desarrollan las empresas para afrontar los retos derivados del aumento de la edad de la población trabajadora, adaptando las condiciones de trabajo para garantizar la seguridad, la salud y el mantenimiento de la capacidad laboral de las personas trabajadoras.

Actualmente, también se utiliza el concepto de “gestión de la edad”, que hace referencia al conjunto de medidas y estrategias destinadas a adaptar las condiciones de trabajo a las capacidades, necesidades y características de las personas trabajadoras en las distintas etapas de su vida profesional, promoviendo un entorno laboral seguro, saludable e inclusivo.

Este enfoque parte de la idea de que muchos de los problemas que pueden manifestarse en edades avanzadas tienen su origen en condiciones de trabajo, exposiciones o hábitos acumulados a lo largo de los años. Por ello, las acciones preventivas deben implantarse de forma continua y anticipada, teniendo en cuenta la evolución individual de cada persona y la convivencia entre distintas generaciones dentro de la empresa.

Integrar la gestión del envejecimiento o de la edad en la prevención de riesgos laborales puede contribuir a:

• Reducir accidentes y enfermedades profesionales.
• Mantener la capacidad de trabajo durante más tiempo.
• Mejorar el bienestar y la salud de las personas trabajadoras.
• Favorecer la permanencia en el empleo.
• Aprovechar la experiencia y el conocimiento del personal sénior.
• Mejorar el clima laboral y la productividad.
• Cumplir con las obligaciones preventivas de la empresa.


2. ¿A partir de qué edad se considera a una persona trabajadora como “de mayor edad”?

En el ámbito de las políticas europeas de empleo y prevención de riesgos laborales suele considerarse como “persona trabajadora de mayor edad” a aquella que tiene 55 o más años.

Esta referencia se utiliza habitualmente en estrategias de envejecimiento activo y gestión de la edad impulsadas por la Unión Europea y por distintas administraciones públicas.

En España, esta clasificación aparece reflejada en la Estrategia Global para el Empleo de los Trabajadores y las Trabajadoras de Más Edad 2012-2014 (“Estrategia 55 y más”), elaborada por el Gobierno de España para promover el mantenimiento de la salud, la seguridad y la permanencia en el empleo de las personas trabajadoras de más edad.


3. ¿Qué implica el envejecimiento en el ámbito laboral?

El envejecimiento en el ámbito laboral implica que, con el paso del tiempo, pueden producirse determinados cambios fisiológicos, sensoriales y cognitivos que influyen en la forma de desarrollar el trabajo y en la exposición a ciertos riesgos laborales. No obstante, estos cambios no afectan igual a todas las personas, ya que existe una gran variabilidad individual.

Entre los cambios más habituales asociados a la edad se encuentran la disminución de la fuerza muscular, la pérdida de movilidad y elasticidad articular, alteraciones visuales y auditivas, menor tolerancia al frío o al calor, disminución de la coordinación o cambios en la atención, percepción y capacidad de reacción.

Estas modificaciones pueden incrementar determinados riesgos laborales, especialmente los riesgos ergonómicos relacionados con la manipulación manual de cargas, las posturas forzadas, los movimientos repetitivos o los sobreesfuerzos.

También pueden aumentar algunos riesgos relacionados con el confort ambiental, como los derivados de la iluminación o la temperatura, así como determinados riesgos higiénicos, como el ruido o el estrés térmico.

También pueden incrementarse riesgos de seguridad, por ejemplo las caídas por problemas con el equilibrio, y determinados riesgos psicosociales relacionados con la carga mental o el ritmo de trabajo.

Además, las personas trabajadoras de mayor edad pueden presentar una recuperación más lenta ante lesiones o enfermedades, lo que hace necesario adaptar las condiciones de trabajo y reforzar las medidas preventivas para garantizar un entorno laboral seguro y saludable.


4. ¿Qué obligaciones tiene la empresa en relación con el envejecimiento?

La empresa tiene la obligación de garantizar la seguridad y salud de todas las personas trabajadoras, incluidas aquellas de mayor edad, adaptando la gestión preventiva a sus características y necesidades cuando sea necesario.

Aunque actualmente la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales no regula de forma específica el envejecimiento laboral, sí establece la obligación general de adaptar el trabajo a la persona y proteger a las personas trabajadoras especialmente sensibles frente a determinados riesgos. Además, se prevé que la futura reforma de la normativa preventiva incorpore de forma más específica la gestión de la edad y el envejecimiento laboral dentro de las obligaciones empresariales en materia de prevención.

El artículo 15 de la Ley 31/1995 recoge entre los principios de la acción preventiva la necesidad de adaptar el trabajo a la persona, especialmente en lo relativo al diseño de los puestos, la elección de equipos y los métodos de trabajo, con el objetivo de reducir los efectos sobre la salud.

Asimismo, el artículo 25 establece que la empresa debe proteger específicamente a aquellas personas trabajadoras que, por sus características personales, estado biológico o discapacidad, sean especialmente sensibles a determinados riesgos laborales. En determinados casos, esto puede incluir a personas trabajadoras de mayor edad cuando existan limitaciones o condiciones que incrementen su exposición al riesgo.

Para cumplir con estas obligaciones, debe integrar la gestión de la edad dentro de su sistema de prevención de riesgos laborales mediante actuaciones como:

• Incluya la gestión de la edad en el plan de prevención de riesgos laborales.
• Evalúe los riesgos teniendo en cuenta cómo determinados factores pueden afectar a las personas trabajadoras de mayor edad.
• Adapte puestos, equipos, herramientas o tareas cuando sea necesario.
• Planifique medidas preventivas específicas frente a riesgos ergonómicos, físicos, organizativos o psicosociales.
• Garantice una formación e información adaptadas a las capacidades y necesidades de las personas trabajadoras.
• Realice la vigilancia de la salud en función de los riesgos y características individuales.
• Promueva hábitos de vida saludables y medidas de envejecimiento activo.
• Favorezca la participación de las personas trabajadoras en la mejora de las condiciones de trabajo.

La gestión preventiva de la edad no debe entenderse únicamente como una obligación legal, sino también como una herramienta que puede contribuir a mantener la capacidad de trabajo, preservar la experiencia profesional y fomentar entornos laborales más saludables, inclusivos y sostenibles.


5.¿Qué medidas o acciones prácticas pueden aplicarse?

Las medidas para gestionar la edad pueden implantarse de forma general en toda la organización, mediante políticas y actuaciones preventivas dirigidas a toda la plantilla, o aplicarse de manera individualizada, adaptando las condiciones de trabajo a las necesidades concretas de cada persona trabajadora.

En estas situaciones, la empresa deberá adaptar el puesto, las tareas o las condiciones de trabajo a las características concretas de la persona trabajadora, conforme a los principios de adaptación del trabajo a la persona establecidos en la normativa preventiva y teniendo en cuenta, cuando proceda, lo previsto en el artículo 25 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.

A continuación, se presentan algunas acciones y medidas preventivas generales orientadas a minimizar o controlar las limitaciones y cambios que pueden aparecer asociados a la edad y que pueden influir en la seguridad y salud de las personas trabajadoras.

• Adapte los puestos de trabajo para reducir esfuerzos físicos excesivos y favorecer posturas cómodas y seguras. • Limite la manipulación manual de cargas pesadas y facilite ayudas mecánicas para su transporte o levantamiento.
• Evite tareas que impliquen posturas forzadas, movimientos repetitivos, torsiones continuadas de la espalda o levantamientos desde posiciones incómodas.
• Diseñe ergonómicamente herramientas, equipos y mobiliario para reducir la fatiga muscular y articular.
• Establezca pausas periódicas y tiempos adecuados de recuperación durante la jornada laboral.
• Implante rotaciones de tareas para disminuir la fatiga física y mental derivada de trabajos repetitivos o exigentes.
• Mejore las condiciones de confort ambiental, especialmente en relación con la iluminación, la temperatura y el ruido.
• Facilite pantallas, señales e indicadores con mayor tamaño, contraste visual y mejor visibilidad.
• Evite exposiciones prolongadas a ambientes ruidosos y refuerce la señalización acústica y visual cuando sea necesario.
• Reduzca situaciones de trabajo con elevada presión temporal o que requieran tiempos de reacción muy rápidos.
• Facilite una adecuada planificación de tareas para disminuir la carga mental y el estrés laboral.
• Realice revisiones periódicas de los puestos ocupados por personas trabajadoras de mayor edad para detectar necesidades de adaptación.
• Favorezca la reincorporación progresiva tras bajas médicas o procesos de recuperación prolongados.
• Facilite programas de promoción de la salud y envejecimiento activo dentro de la empresa, promoviendo hábitos de vida saludables mediante actuaciones relacionadas con la actividad física, la alimentación saludable y el bienestar emocional.
• Aproveche la experiencia y conocimientos de las personas trabajadoras sénior favoreciendo la colaboración y transmisión de conocimiento entre generaciones.


Resumen del contenido

1.
¿Qué se entiende por gestión del envejecimiento?
2.
¿A partir de qué edad se considera a una persona trabajadora como “de mayor edad”?
3.
¿Qué implica el envejecimiento en el ámbito laboral?
4.
¿Qué obligaciones tiene la empresa en relación con el envejecimiento?
5.
¿Qué medidas o acciones prácticas pueden aplicarse?
6.
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