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El coronavirus cambiará la prevención de riesgos laborales en las empresas.

Sevilla, 14 de abril de 2020. Fuente: www.efe.com.

Las nuevas formas de relacionarse entre los trabajadores y con los clientes a las que obliga la crisis sanitaria del coronavirus, la detección rápida de las fuentes de contagio y las funciones que debe cubrir un empleado para sustituir a otro son cuestiones que deberán incorporarse a partir de ahora a la prevención de riesgos laborales en las empresas.

En una entrevista con EFE, el catedrático de Psicología Social y de las Organizaciones de la Universitat de Valencia e investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) José María Peiró, señala que los riegos derivados de las nuevas condiciones de trabajo se irán concretando conforme avance el tiempo en las distintas actividades productivas.

El trato con los clientes va recibirá más atención en los próximos meses, además de las distancias entre personas y la detección de las posibles fuentes de contagio con, por ejemplo, la incorporación a los servicios de salud de las empresas de sistemas para diagnosticar la enfermedad.

«Habrá que desarrollar muchos elementos creativos que serán específicos para cada actividad en función de los riesgos que emerjan de una nueva forma de trabajar y relacionarnos», ha asegurado.

A esto se sumará la «revaloración» de los puestos de trabajo, ya que cuando se reorganiza un sistema se han de analizar los riesgos y elaborar un plan de prevención al respecto.

Sería el caso de las empresas que reduzcan personal y los trabajadores presentes tengan que cubrir las funciones de otros, ya que habrá que prevenirles sobre los riesgos laborales de sus nuevas funciones.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo ya se está planteando nuevas estrategias y normas o procedimientos de actuación en este sentido, ha afirmado el catedrático de Psicología Social.

«Por una parte vamos a tener que introducir en nuestros hábitos una serie de comportamientos diferentes que prevengan el contagio y, por otra, después de la situación de crisis, habrá que implementar sistemas de detección y diagnóstico rápido mediante test», ha asegurado.

También habrá de tenerse en cuenta los riesgos derivados del teletrabajo en la medida en que pueda mantenerse, si bien en unos niveles menos radicales que actualmente.

El catedrático ha advertido de que la crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto necesidades de formación en competencias transversales, como es comunicar mejor la situación a pacientes y familiares en el caso de los profesionales sanitarios, y saber gestionar las propias emociones y poder manejar las de otros mediante inteligencia emocional.

«En situaciones como esta se ponen de manifiesto las habilidades personales y de trabajo en equipo, y se ha de reforzar la formación de los trabajadores en cuestiones que no son técnicas», ha añadido.

Ahora mismo, señala Peiró, se identifican dos ámbitos de riesgos psicosociales: los derivados del teletrabajo en cuanto a la falta de recursos en el hogar, la falta de preparación y la falta de organización; y el miedo al contagio de los trabajadores de actividades esenciales, que supone un sobreestrés que puede producir «agotamiento emocional».

Esos riesgos psicosociales que pueden sufrir los sanitarios o los empleados de un supermercado pueden conducir a riesgos para la salud, ya que el sobreestrés puede incrementar los errores.

«Ellos están en primera fila y, aunque están preparados, se han visto desbordados por falta de recursos o por exigencias de la reorganización que plantea una situación de sobrecarga y sobredemanda de los servicios», explica.

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