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«Nuestra voz en el ágora mundial». Artículo del presidente de CEA. Agenda de la Empresa.

8 de abril de 2021.

Con directas, variadas y, como un dardo, apelan a nuestra conciencia. Las tres preguntas de ONU75, la campaña de Naciones Unidas en su 75 aniversario para promover un diálogo global, no entienden de Estados ni etnias: “¿Qué tipo de futuro queremos crear?” “¿Estamos en el buen camino?” “¿Qué medidas se necesitan para cerrar la brecha?”. Son, como vemos, interrogantes exigentes, cuya destinataria, explica Naciones Unidas, es la “familia humana”.

Nos falta la perspectiva del alcance transformador de la crisis sanitaria que vivimos desde hace más de un año. Probablemente no la tengamos hasta dentro de lustros, pues esa perspectiva es hija del tiempo y de una distancia de la que carecemos. Seguimos inmersos en una campaña de vacunación con luces y sombras y confinamientos como el reeditado en Italia en marzo nos evocan la primavera tortuosa de 2020. Mas, ¿puede ser esto excusa o justificante para rehuir las preguntas de ONU75? Rotundamente y por nuestro propio bien, no. Es nuestro turno; llegó la hora de poner los cimientos de la recuperación.

Dicha remontada puede bifurcarse hacia mayores desigualdades sociales, azuzadas por el desempleo y la brecha digital, con pequeños empresarios y autónomos desatendidos en sus demandas y sin apoyo para desarrollar sus proyectos, o bien hacia un futuro más sostenible, equilibrado; con una mirada renovada del entorno medioambiental y compromisos sociales genuinos desde instituciones y empresas. La calidad de esta conversación mundial a la que invita ONU75 comprometerá nuestras aspiraciones. Y sobre ella quisiera detenerme.

El valor de la palabra

La crónica política supera cualquier ficción. Hemos contemplado con estupefacción escenas como la del asalto al Capitolio. Son el termómetro de nuestros días, crispados y de alto voltaje: el Brexit, amén de la campaña presidencial en Estados Unidos, los propios derroteros de la política española… Permítanme reivindicar aquí el valor de la palabra como vehículo del entendimiento, si es moderada y honesta. La crispación es la antítesis del diálogo al que llama Naciones Unidas y evidencia la ausencia de una estrategia común frente a la crisis sanitaria y económica. O, dicho de otro modo: la crispación es exactamente la estrategia de la división. Estos decibelios ensordecedores son lo más lejano a la paz social cosechada en la Transición y que nos erigió como pueblo modélico.

Soy muy consciente de que pedir moderación hoy, tras más de un año de pandemia, -pérdidas humanas, quiebras económicas y cansancio generalizado-, es duro y, desde luego, incómodo. Pero todo progreso es logrado lejos de esa longitud de onda de la algarabía irresponsable. Ha arraigado entre nosotros, en el diálogo público, un “modo reallity”, pero la reflexión propuesta por ONU75 exige despojarnos de esta violencia verbal.

Estamos en la coyuntura propicia para levantar del papel las buenas intenciones. Desde Naciones Unidas apelan a nuestra responsabilidad como civilización. Respondamos acotando el objetivo: ¿Qué Andalucía queremos ser? Seamos autocríticos y sometámonos a un autoexamen. No nos dejemos marcar más por estereotipos rancios, cuando somos tierra de acogida, sin prejuicios. Un documentado cruce de caminos a lo largo de la historia. La capacidad de convivencia es un valor andaluz. Liberados de tópicos, reivindiquemos nuestras fortalezas. No por casualidad somos la segunda comunidad de España en exportaciones, solo por detrás de Cataluña. Nadie, con los datos en la mano, podrá discutirnos el ejemplo de internacionalización que somos; a los 30.000 millones en exportaciones antes de la pandemia me remito. La transformación de nuestra imagen empieza en el propio lenguaje. Así, no nos creamos lo que no somos, pero no ninguneemos lo que ya nos define.

Desde la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA), procuramos replicar en nuestra Comunidad esa máxima de la ONU por la que trabajamos día a día “forjando nuestro futuro juntos”. Hacemos nuestro ese eslogan internacional y, en consecuencia, abrimos espacios de encuentro. Son una suerte de paréntesis en la rutina para repensar cómo queremos salir de la crisis sanitaria y social y cuán importante será generar alianzas para lograrlo. Los encabeza nuestro Observatorio Empresarial para la Consecución de la Agenda 2030 (OECA). Los Objetivos de Desarrollo Sostenible están ya en el relato de las empresas andaluzas y son, como suelo describir, el nuevo credo de la Comunicación corporativa. El afán de CEA y OECA es que estén no solo en el relato, sino verdaderamente en los hechos de las empresas andaluzas; que impregnen sus decisiones.

Disculpen por tanto que barra para casa, como se suele decir, si presumo del trabajo de OECA y de la complicidad de Unicaja, gracias a la cual se está desarrollando ya la segunda temporada de los “Diálogos OECA” con mi querido Manuel Bellido al frente. El mundo mira a la ONU en su 75 aniversario; para nosotros es una referencia constante, hoy, en plena efeméride, como siempre lo ha sido.

Escribo estas líneas en vísperas ya de la Asamblea General anual de CEA, vivido el peor año de nuestra Historia reciente y con un futuro aún incierto para el desarrollo económico de Andalucía. Refiero esta cita en tanto que para los empresarios andaluces es la más importante de nuestro calendario. Al igual que la ONU formula sus interrogantes, nosotros haremos de nuestra Asamblea el foro en el que compartir propuestas con las que reinventarnos tras este revés global. #TheWorldWeWant, etiqueta Naciones Unidas los fastos de su aniversario. La “Andalucía que queremos”, versionaría yo desde nuestro ámbito que, aunque regional, no es pequeño. Para forjar un nuevo discurso de autoconfianza con el que se escuche la voz andaluza, con múltiples acentos, en el ágora mundial.

Javier González de Lara y Sarria. Presidente de CEA.

Agenda de la Empresa. Artículo. Nuestra voz en al ágora mundial.

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